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La pandemia trajo un nuevo aire de vecindad a la González Suárez

Ha pasado casi un año desde que en marzo de 2020 se confirmaran los primeros casos de coronavirus en Ecuador. Casi un año de la declaración del Estado de Excepción para intentar frenar la pandemia. Aunque los primeros meses de confinamiento fueron duros —una ciudad desolada y vacía— los vecinos de la González Suárez de a poco intentan adaptarse a vivir bajo el acecho del virus y con las restricciones que todavía perduran.

En el barrio, como en otros puntos de la ciudad, los efectos de la pandemia son más visibles en las calles: transeúntes que caminan por las veredas pero tratando de mantener la distancia, locales que cerraron en los meses más críticos y que no volvieron a abrir, cafeterías que antes estaban siempre llenas con varias mesas disponibles. Un tímido retorno a la ‘normalidad’. Pero la secuela más evidente se observa en la noche. El movimiento nocturno habitual en uno de los extremos de la avenida principal prácticamente ha desaparecido.

La mutación de la convivencia

Más allá de lo que se observa en la ‘fachada’ del barrio. La pandemia y sus consecuentes restricciones han modificado también sus ‘entrañas’: las relaciones humanas de sus habitantes.

Para Michelle Arévalo, CEO de Impaqto y vecina de la González Suárez desde hace casi 8 años, la pandemia ha dejado efectos buenos y malos. Ella prefiere centrarse en los positivos. “Hemos tenido la oportunidad de descubrirnos y ayudarnos como vecinos”, dice. Y cuenta que en tiempos de confinamiento, cuando las salidas eran restringidas, crearon una especie de sistema de trueques e intercambios para que nadie se quedara desabastecido.

El de Michelle es uno de cinco puntos de vista de vecinos del barrio que dan su testimonio en torno a cómo la crisis sanitaria afectó y está afectando a la convivencia. Para ella el coronavirus no sólo trajo desgracias. Al contrario, le dio a la González Suárez un nuevo aire de vecindad, expresado en el apoyo y cariño compartido por sus habitantes. “Han habido controversias, sí. Pero creo que ahora somos mejores vecinos”.

Es el sentido de comunidad del que habla Jorge Ortiz. El periodista que vive y trabaja en este sector de Quito desde hace más de 40 años cree que la solidaridad —precaria previa a la pandemia, pero que empezaba a consolidarse— se ha afianzado en los últimos meses.

Hubo un momento cuando estábamos confinados todos en que en los chats se veía muchos pedidos de ayuda, por ejemplo de medicamentos, y había gente que enseguida ofrecía: ‘Yo tengo’, ‘yo le puedo llevar o conseguir’. Había una solidaridad muy significativa

El periodista, salvo por los primeros meses de la epidemia, no ha dejado de salir a la calle. Lo hace todos los días y observa. La gente sigue reuniéndose y saludándose. Además, nota mayor calidez y preocupación (hacia el prójimo) en las personas. Durante sus paseos se ha fijado que hay menos suciedad en la vía pública y que más personas recogen los excrementos de sus perros. En suma, los habitantes del barrio tienen más cuidado. Son más conscientes de cómo sus acciones afectan al entorno y a los otros.



Aunque han habido excepciones. Dice que no falta la gente que hacer sonar la bocina sin mesura para que le abran la puerta o cuando pasan a recoger a alguien. Pero hasta estas actitudes de despreocupación hacia el vecino —“una muy mala costumbre que tenemos los ecuatorianos”—, se están superando poco a poco. Y la pandemia, a su parecer, de alguna manera ha ayudado a hacerlo.

El origen de este cambio de mentalidad, de esta evolución en torno a la convivencia está, según Jorge Ortiz, en que la epidemia nos hizo darnos cuenta que todos somos seres humanos. Todos la sufrimos. Desde los más poderosos hasta los más humildes. Nos demostró que “todos estamos sujetos al mismo tipo de adversidades” y eso se ha reflejado en el barrio.

Otro factor que ha influido en la convivencia durante esta crisis sanitaria es el miedo. Este ha sido una constante en la forma en la que los vecinos se han relacionado. Así lo piensa Jorge Estrella, médico de 27 años que vive en un edificio en plena Plaza Churchill. El miedo a contagiarse o a contagiar a algún miembro de la familia ha hecho que muchas personas traten de permanecer el mayor tiempo posible en sus casas, explica Jorge.

Esto se ha traducido en una disminución entre las interacciones con los vecinos. “De hecho es notorio que las personas quedan menos en las cafeterías del barrio. Porque el miedo es una constante”, asegura el joven médico. “Antes era común reunirse a tomar un café un martes o un jueves, pero ahora uno se lo piensa dos veces…”.

Aunque el aforo de estos lugares se ha reducido y ya no están tan llenos como en tiempos previos a la epidemia el periodista Jorge Ortiz sigue considerando que son importantes puntos de encuentro. Al respecto comenta que las cafeterías y restaurantes de la González Suárez, incluso, se revitalizaron y reanudaron su actividad normal (en medida de las circunstancias) mucho antes que los que se encuentran en otros sectores de Quito.

Jorge Estrella, por su parte, cuenta que sí ha vuelto en algunas ocasiones a estos puntos de encuentro. Allí se reúne sólo con sus amigos más cercanos y prefiere los locales que tienen espacios al aire libre y que estén bien ventilados.

Pese a que en los primeros meses de la llegada del virus al país sí tenía recelo de salir, con el tiempo se fue dando cuenta de que tampoco es cuestión de “quedarse encerrado indefinidamente porque lastimosamente la pandemia tiene todavía algunos meses por delante antes de regresar a lo que conocíamos como normal”. Lo que hace él ahora es limitar sus contactos.

Como en las calles, en el interior del edificio donde vive Jorge la convivencia también ha mutado. El uso de mascarilla es obligatorio en las zonas comunes y su uso es “espaciado”. Es decir, que si antes dos vecinos coincidían en la piscina, el gimnasio e inclusive en el ascensor no había problema en compartir el espacio. Ahora lo que se hace es tratar de no coincidir en estos espacios y mantener la distancia lo más posible.

Durante estos meses Jorge se ha dedicado atender —a través de teleconsultas— a cerca de 400 personas enfermas con Covid-19. Dice que se ha dado cuenta, tras escuchar a sus pacientes, que la pandemia y el hecho de estar encerrado sin ver a familiares o allegados tiene un gran peso en el estado de ánimo. Porque, al fin y al cabo, el ser humano es un ser social. Desde su perspectiva de médico cree que es importante aprender a adaptar nuestras rutinas a la situación que tenemos. “Aprender a salir y convivir con el virus, obviamente, con las nuevas reglas”.

La crisis, los negocios, las reuniones, el entrenamiento

Con la expansión del coronavirus en el país y la declaratoria del estado de emergencia, con su respectivo toque de queda, muchas cosas se quedaron detenidas. En la González Suárez varios negocios cerraron. Solo resistieron, además de las cadenas, aquellos que apostaron por las ventas por medios electrónicos. Es lo que relata José María Lasso, presidente del Comité Pro Mejoras del barrio.

En pocas semanas esos medios electrónicos se convirtieron en el único canal para mantener el contacto social. La comunicación entre los habitantes del barrio se mantuvo mediante chats. Y las reuniones presenciales entre los miembros del Comité empezaron a celebrarse —y se siguen celebrando— vía Zoom.

Una de las invitaciones para los vecinos



José María es consciente de cómo el no poder verse o relacionarse con los vecinos durante los meses más duros de la pandemia afectó a la comunidad. Por eso, pasado el “primer susto” y cuando las medidas para frenar la epidemia se relajaron un poco desde el Comité decidieron poner en marcha una iniciativa que permitiera distender los ánimos y las tensiones.

Con la llegada del verano a la ciudad, en agosto, se instauró un ciclopaseo que recorría las principales calles del sector. “Esta actividad permitió que la gente salga y se distraiga un poco de todo lo que habían pasado”, declara José María. Es una actividad que se retomó en el mes de diciembre y que se realiza todavía cada domingo, ahora con un circuito ampliado que incluye al barrio vecino de La Paz.

El arte en medio de la pandemia

Motivado por la puesta en marcha del ciclopaseo, al que considera un gran ejemplo de iniciativa para unir a la comunidad y a las familias, un vecino del barrio decidió lanzar otro proyecto paralelo para fomentar la convivencia vecinal. Joaquín Larrea Ortiz, morador del sector y que siempre ha estado relacionado con el mundo del arte, es la mente detrás de ‘Arte de Barrio’.

El nombre engloba a una serie de exposiciones que se realizan —desde enero— en el tercer o cuarto domingo de cada mes en los espacios exteriores de tres edificios contiguos (Grafito, Carabella y OH) de la González Suárez.

El primer encuentro de Arte de Barrio en enero. Foto: Perla García.

En la primera edición participaron 7 artistas, entre los que habían pintores de distintas técnicas y ceramistas, del mismo barrio o foráneos, profesionales o aficionados. Ellos se encargan de llevar sus obras y mobiliario necesario para exhibirlas.

Joaquín explica que hizo la convocatorio a través de Facebook y que inmediatamente tuvo gran acogida. Primero se sumaron algunos artistas que residen en la zona y recibieron el apoyo de los representantes del Comité Pro Mejoras. A los expositores de la primera edición se sumó una chica que representaban a tres asociaciones distintas de mujeres que realizan esculturas en cerámica.

Para Joaquín este evento tuvo una gran aceptación. “Fue un punto de reunión muy ameno”, asegura. Al que asistieron vecinos de todas las edades y condiciones. “La gente salió muy contenta y recibimos comentarios positivos”.

Este proyecto es una manera práctica de repensar el espacio al aire libre —privado en este caso ya que es parte de los edificios de la zona— sin molestar o invadir la vía o espacios públicos para, a su vez, generar comunidad. Nació de la mente de un residente y tuvo tal éxito que ya tienen programadas las exposiciones de todo el año

“La gente necesita informarse de cosas buenas, de cosas chéveres. Olvidarse un poco de los temas políticos o angustiosos. Porque eso es parte de la convivencia también. Hay que buscar lo bueno. Lo malo ya está demasiado trillado…”, remata Joaquín Larrea.

Y eso es lo que precisamente hicieron unas mamás del barrio durante esta época de pandemia. Sacar lo positivo de una situación crítica. Cuenta Michelle Arévalo que unas vecinas amigas encontraron una solución ingeniosa al problema de compaginar el trabajo en casa con el cuidado de los hijos. Se organizaron y entre todas contrataron a una tutora para que les diera clases a los niños.

Acciones como estas le hacen pensar a Michelle que el sentido de comunidad se ha consolidado en estos tiempos difíciles. Contrario a lo que se pueda creer. También ha visto que más personas salen a caminar por el barrio. En lugar de movilizarse a las afueras, caminan por los alrededores de sus casas, “para disfrutar de cada parterre, de cada arbolito”.

Una clave de la convivencia en época de pandemia para esta emprendedora es recordar que la González Suárez es un sector diverso y mixto. Así como hay gente que puede alquilar el penthouse más caro de la zona, hay residentes (a escasos metros) que habitan por más de 30 años en casas hechas de madera en la ladera. “Si fuéramos todos homogéneos no habría riqueza en este barrio”. Cree que ser conscientes de esta circunstancia les hizo mejores vecinos y más solidarios durante la epidemia. “Estar pendientes los unos de los otros nos hace bien”.

Desde su habitación, el médico Jorge Estrella tiene vista directa al redondel de la Plaza Churchill. Mientras estudia está pendiente del ambiente que hay en la calle. En estos tiempos ha notado que enseguida se hace oscuro. Antes de las 19:00 el tráfico y el movimiento disminuyen considerablemente. El atardecer ya no es la antesala de la vida nocturna que antes reactivaba al barrio.

Son las secuelas que van dejando a su paso el coronavirus. Pero, a los ojos de los vecinos, son los rastros positivos los que predominan en la convivencia diaria. La renovada vecindad, el sentido de comunidad, la fraternidad…

“Yo confío que en medio de todos los daños que esta epidemia causó al mundo entero, que por lo menos la solidaridad se haya afianzado. Confío en que vamos a salir de esta epidemia un poco más preocupados los unos de los otros”, zanja Jorge Ortiz.

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Escrito por Gabriela Balarezo

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