Alejandra es un pretexto para evidenciar una realidad

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El viaje por las páginas de ‘Cárceles del Horror’ tiene frases que sirven para hacer una pausa. Se necesita reflexionar sobre ellas.

Alejandra pide a Dios que le permita vivir perdonando y morir olvidando.

Alejandra, personaje central de ‘Cárceles del Horror’

Alejandra es el nombre ficticio de un personaje real. El escritor Agustín Torres Lazo conoció a fondo a la mujer que inspiró el libro. “Es una mujer ecuatoriana, no es un personaje inventado”, recalca.

Es una lección que él mismo aprendió porque en un inicio el autor creía que estos relatos duros solo provenían de la mente de las mujeres privadas de la libertad para provocar lástima por ellas.

Agustín Torres Lazo vive en la González Suárez, barrio donde se escribió ‘Cárceles del Horror’ hace más de tres años. Tardó dos años en redactar su libro, que en Nicaragua va por su segunda edición.

¿De dónde aparece la historia?

Mi hija menor tiene un grupo de amigas de hace varios años. Ellas hacen labor social, en algún momento trabajaron en la cárcel de El Inca.  Venía a casa y me contaba cosas que pasaban ahí. Le decía: no hija, te lo han contado mal, son las prisioneras de la cárcel las que obviamente sacan esas historias para que tengan lástima de ellas.

¿Y su hija?

Le dolía, me contaba una historia peor que otra y poco a poco le fui creyendo porque ya eran historias con sentido, con drama, con tragedia. Le dije que me encantaría escribir ese libro.  Entonces le pedí que me buscara a una muchacha que hubiese estado presa en la cárcel y que ahora esté en  libertad.  Además que quisiera contar la historia de su vida de prisionera y me consiguió a la persona perfecta en todo sentido, porque este libro no es mío, es de ella.

La historia ocurre en Villa Luz…

Es Quito. Yo creo que se me vino el nombre porque Quito es Cuidad Luz. Hay muchos nombres de Nicaragua y están casi todos los nombres de mi familia; metí a mi hermana, nombres de la familia y amigos.

¿Por qué decidió contar la historia en primera persona?

Porque yo me di cuenta que este libro no era una simple historia. Hubo un momento en el que lo encumbré el libro hacía la idea del mensaje. Yo quería que sea un mensaje —en primer lugar— para la sociedad inhumana en la que vivimos. Una sociedad muda, dura consigo mismo; dura con la humanidad. Totalmente deshumanizada porque leer este libro y no sentir nada es no tener humanidad, así lo siento yo. El mensaje puede llegar de una forma más personal, más próxima al lector, por eso el libro en primera persona.

En la lectura hay muchos destellos de un mejor futuro…

Hay muchos destellos de esperanza para Alejandra. Buscó la salvación en la muerte. Ella vivió de milagro, porque intentó suicidarse y da la casualidad que una amiga de Alejandra presiente lo que ocurre, va a su celda y la encuentra en agonía.

¿Usted juzgó a Alejandra?

No la juzgo. No existe una Alejandra, existe un ser humano que se llega a deshumanizar porque Alejandra es una víctima de ese horror, no hay ninguna duda. 

¿Qué le dejó esta historia?

No me gusta el mundo. Mi concepto del ser humano cambió después de conocer esto y no me gusta, recuerdo a un político español que dijo: “queremos a España porque no nos gusta”. Yo quiero a la humanidad porque no me gusta y me gustaría hacer algo por cambiar las cosas y ese es el sentido de este libro.

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