Incluso en la confrontación se puede encontrar poesía

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La guayaquileña Cristina Reyes siempre quiso vivir en la González Suárez. Cuando llegaba a Quito, antes de instalarse en la ciudad por sus funciones en la Asamblea Nacional, se sentía atrapada por el encanto de la avenida.

Su vida, la neblina, los vecinos, el ambiente bohemio ahora se encuentran plasmados en ‘Mis plenos poderes’, su cuarto libro que recopila 83 poemas, publicado en septiembre de 2018.

¿Hay que ser muy fuerte para ser guayaca y mudarse a Quito?

No. Me rehuso a esos prejuicios, a esos miedos. Claro que guayaquileños y quiteños somos distintos. Muchas personas hablan de dos países, pero siempre he sentido total afinidad con Quito. Me siento absolutamente agradecida por lo que esta ciudad me ha dado, por el espíritu crítico de la gente, eso me ha ayudado a formar mi carácter.

¿’Mis plenos poderes’ se escribió entre Quito y Guayaquil?

Entre muchas ciudades, escenarios, momentos. Hay muchos poemas en Quito, por ejemplo ‘Amor de mi chulla vida’. Habla de las bandas de pueblo, del misterio de ese único amor. ‘Balotage’ también fue escrito en Quito. Pero el libro es un recorrido por algunas ciudades: Madrid, Buenos Aires, Cartagena…

¿Por qué ‘Mis plenos poderes’?

Es un libro que refleja una etapa de mayor liberación. De determinación frente a la vida, de quién soy, qué sueños tengo, hacia dónde quiero caminar. También de mucho empoderamiento femenino, es una invitación a que las mujeres tomemos las riendas de nuestras vidas, dejando atrás estereotipos, violencia, prejuicios.

Hay que ser valiente para ser política, pero ¿hay que ser valiente para escribir poesía?

Ojalá no lo necesitáramos. Ojalá tener nuestras pasiones a flor de piel no fuera un acto de valentía.

¿La política te inspira?

Sí, sí, sí. Hay muchos poemas. Por ejemplo, ‘Revolución’ describe el contexto político de los últimos 10 años. Factores políticos, sociales, emocionales, familiares, lugares, personas influyen a la hora de escribir un poema.

¿Has encontrado poesía en la González Suárez?

He descubierto personajes. Veo muchos solitarios y mucha gente que se sienta a escribir, a leer… Yo también salgo sola. En los cafecitos de la González he conocido a muchas personas.

¿Cómo combinas la política con el arte?

Es complicado. Pueden ser dos escenarios adversos; pero soy una persona idealista, apasionada e intento que haya musicalidad en mis palabras, que en algunos momentos haya poesía, que no todo sea confrontación. Aunque, incluso, en la confrontación hay un espacio —que da la poesía— de cuestionar, de revelar, de tocar llagas que generarán reacciones en las personas.

¿Qué batallas te han marcado y te han permitido expresarte a través de la poesía?

Las guerras internas que cada uno vive, ese descubrirnos, explorar el daño que nos pueden hacer y que podemos provocar en el otro… Mi carrera política, donde las mujeres somos las que con mayor arrojo hemos desafiado un proceso de autoritarismo, sectarismo, de señalarnos y negarnos unos a otros por nuestras opiniones distintas. A mí me tocó sufrirlo. 

¿La poesía también es una suerte de exorcismo?

Sí. De liberación, sin duda.

¿A qué o a quién no le escribirías un poema?

No creo que haya alguien a quien no le escribiría un poema. Al diablo le escribiría un poema. A Rafael Correa le he escrito un poema. Le he escrito a personas que desprecio. 

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