Eduardo X. Arroyo, el artista que pintó en blanco y negro

Eduardo X Arroyo tiene su espacio en la González Suárez

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Eduardo X. Arroyo tiene una energía especial. Es difícil describirlo en este texto; talvez es necesario conocer en persona a Eduardo o simplemente tratar de entenderlo a través de su obra.

  • “Me interesa que salga esa (foto)”, dice tras señalar a un cuadro blanco y negro.
  • ¿Por qué?, le pregunto inocentemente.
  • “Es una plumilla, una plumilla bastante demorada, bastante minuciosa y que de especial tiene que es (hecha con) una tinta china”.

La verdad, esta obra impresiona en gran medida. El árbol tiene mucho detalle. Remato con otro cuestionamiento:

  • ¿cómo se llama la obra?
  • “No tiene nombre”, dispara rápidamente.

Les pone números. La obra es ‘árbol 88’.

No hay más explicaciones, salvo la curiosidad de saber por qué pinta la naturaleza.

Un paréntesis aquí. Su taller está en el piso 9 de un edificio en la cabecera oriental norte de la av. González Suárez. Los ventanales de taller descubren la montaña verde, los árboles pero también muestra cómo una carretera irrumpió en medio de la naturaleza.

“Eso no me gusta. Para mí, las autopistas, la luminosidad de noche, no me inspira. Es un poco fuerte para mí porque el progreso mata a la gente”, sentencia.

Pero la naturaleza está presente en muchos cuadros. Él mismo ha pintado cerca de ella. Entre los cuadros se destaca otra obra en tinta: la cúpula de Guápulo escondida tras unos árboles.

Guápulo, en la visión de Eduardo X. Arroyo. Archivo personal.

El paso por la naturaleza de Arroyo

La plasmó cuando tenía un taller allá abajo. En Pinterest, red social donde también navega su obra, se encuentran imágenes coloridas de montañas; de pinturas ocres con cierta viveza que solo la flora y la fauna del planeta puede regalar.

Dice que le hubiera gustado que vea un árbol que pintó con sangre. Ha vivido en Mindo “cuando era bonito” y no lo afirma desde la amargura: “Si vas ahora está lleno de discotecas y ruidos de motos”. Le duele la naturaleza, es parte de su energía, es parte de ser un artista profesional.

Lo afirma con la convicción que solo puede tener alguien que pinta por más de 50 años (tiene 66). Talvez ese es otro descriptivo de su magia. Ya le han dicho en notas periodísticas que trabaja con el entusiasmo de un adolescente, aunque ahora está en una etapa “no creativa”.

La verdad no importa. Escucharle inspira. Ver sus cuadros regados en un divertido caos dentro de su departamento.

Las palabras terminan. Aún no hay una explicación clara de las formas de su energía. Sentencia el encuentro diciendo que por mucho tiempo pinto en blanco y negro “porque veía el mundo en blanco y negro”. Abrió su paleta de colores cuando encontró el amor; sonríe y se despide.

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