El bailador de la González Suárez

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Para él, bailar es transformarse. Y no exagera. El flamenco hace que las facciones de Gallardo de la Fe se acoracen, que sus manos se estiren y se recojan como abanicos, y que sus pies despierten el latido recio del tablao.

“Cuando interpretas bien el sentir de la guitarra y del cantaor, enseguida brota lo que en España se conoce como duende. Y eso es lo importante: transmitir siempre algo cuando estás en el escenario”, dice este ambateño que, hace 12 años, viajó a ese país para aprender cómo alcanzar ese estado de gracia propio de este arte.

En 2002, luego de ver una presentación de flamenco, Gallardo descubrió lo que quería hacer por el resto de su vida.

Renunció entonces a su trabajo de publicista y tomó un vuelo rumbo a Sevilla (Andalucía), en el Mediterráneo ibérico, donde vivió y estudió cinco años. 

Allí, en la cuna del flamenco, perfeccionó su zapateado, interiorizó los compases de las sevillanas, las rumbas y las bulerías y, sobre todo, asimiló de cerca las técnicas y las teorías de grandes maestros. 

Cada clase, recuerda, era una celebración exigente en la quesiempre tocaban músicos en vivo, pues eso también es parte del encanto de este género.

Mucha de la gracia del baile es el nivel de espontaneidad de los bailaores sobre los tablaos. El zapateo es muy importante en el baile flamenco, al punto que muchos conocedores de este arte aseguran que el bailaor se convierte también en un músico. De hecho, requiere de una técnica particular.

Gallardo quiso quedarse en Sevilla, pero extrañaba su país y planeaba, además, dejar un legado cultural a las futuras generaciones. 

“Más que la fama o cualquier otra cosa, me interesa aportar con mi granito de arena en la escena cultural”.

Gallardo de la Fe

Por eso apenas regresó, en 2014, abrió la Escuela Nacional de Arte Flamenco en la González Suárez (Edificio Atrium). Y aunque la apertura de su academia en este sector fue por casualidad, Gallardo dice que desde siempre le ha encantado el barrio por su tradición y seguridad. La mayoría de sus alumnos, de hecho, viven en la González Suárez.

En la actualidad, la escuela tiene cerca de 30 estudiantes y enseña los niveles básico, intermedio y avanzado a niños y adultos. 

El flamenco —dice Gallardo— requiere de mucha coordinación y eso ayuda a la memoria. “Además, debes tener una buena postura y saber zapatear, mover los brazos, las piernas, etc. Es un gran ejercicio”. 

Entre los planes inmediatos del director está formar a más bailaores y bailaoras profesionales para que integren la Compañía Nacional de Arte Flamenco y así poder llevar, con un elenco más amplio, el misterio y la elegancia del flamenco por todo el país.


El flamenco es una expresión artística. Una de las virtudes de este arte es que sus intépretes improvisan en los tablaos, pero para hacerlo deben acumular muchos años de experiencia. El flamenco tiene ascendencia de las culturas: árabe, judía y de los gitanos que llegaron a España. 

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