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Susana Pérez, una maestra símbolo de servicio en Tumbaco

Profesora Susan Pérez en su reconocimiento Foto: Susana Pérez

Susana Pérez Hidalgo ha morado toda su vida en Tumbaco. Nació en esta parroquia en 1949 y jamás ha querido irse. En los 72 años que ha vivido en este lugar ha tenido la oportunidad de educar a la niñez por 43 años y servir desde joven a la comunidad.

Su amor por Tumbaco es evidente. Lleva consigo maravillosas experiencias y bellas cosas que le ha dado esta tierra; como la herencia de sus padres, el desarrollo de sus estudios, la familia que construyó con su esposo, las anécdotas en su escuela y la experiencia de poder ver y ayudar al desarrollo de la sociedad tumbaqueña.

Susana tiene muchas aptitudes y talentos. Es muy culta, una gran escritora, poeta y una experta en el arte de exclamar. Además, toca la guitarra y canta.

Siempre le gustó ser intelectual y autoeducarse, estudió en el Colegio Fernández Madrid donde consiguió el bachillerato técnico, y, por influencia de su abuelo, es una crítica de la política que sueña algún día en escribir cartas a los candidatos de la presidencia pese a que nunca le interesó incursionar en ese ámbito.

Susana tocando la guitarra en el patio de la escuela Víctor Manuel Peñaherrera Foto: Susana Pérez

En sus obras constan acrósticos, poemas a Tumbaco, biografías y exaltaciones para instituciones educativas. Era una gran fanática del expresidente José María Velasco Ibarra, a quien le gustaba escuchar sus discursos por horas a través de la radio.

El servicio de educar a la niñez

La escuela de niñas Víctor Manuel Peñaherrera, una escuela emblemática de la parroquia, y su lugar de estudios, le abrió las puertas a la enseñanza a sus 17 años en 1966.

Ser maestra en labores y costura fue un acto de revolución. En la época le tocó superar el estigma de que «solo era una maestra de costura» y los obstáculos de que las mujeres no podían estudiar ni ir a la universidad.

Más allá de enseñar a bordar y tejer, se identificaba con sus estudiantes. Siempre que le consultaban sobre la escritura de una palabra, ella les enseñaba ortografía con mucha dedicación porque aprendió que la base de todo es saber escribir bien.

Primer grupo de alumnas de la profesora Susana en el año 1967 Foto: Susana Pérez

La lectura y la ortografía fueron sus dos mejores aliadas para toda su trayectoria educativa. Más aún para ganarse el amor y respeto de las demás maestras, los padres de familia y de todas las alumnas a las que educó.

Recuerda que en el primer año de enseñanza  le decían que tenía que reprender con dureza, pero su camino en la educación le ayudó a descubrir que el mejor método era el amor.

Por todo su trabajo y años de servicio, la directiva de la escuela en el aniversario 75, donde se conmemoró a varias maestras jubiladas por su trayectoria, recibió el homenaje de que el aula donde solía dar sus clases de taller llevaría su nombre. 

La misión de servir a Tumbaco

El servicio lo lleva en la sangre. Su padre Alfredo Pérez Yánez fue un líder de la parroquia que realizó con mucho amor y compromiso las gestiones necesarias para fundar la primera cooperativa de transporte que llevaría a los parroquianos de Tumbaco hasta la capital.

Su trabajo con la sociedad también es muy activo. Gracias a comunidades eclesiásticas como el grupo Juan Pablo Segundo ha dado catequesis, visitado hogares con necesidades, educado familias y ha sido parte de jornadas de oración con los párrocos de la parroquia.

Se casó a los 18 años, tiene tres hijos varones, cuatro nietas, dos nietos y un bisnieto. Si bien su gran sueño era ir a la universidad se siente satisfecha, porque cumplió una labor trascendental. Hasta ahora cuando sus estudiantes la saludan sigue siendo la «señorita Susana«.

Siento el cariño de mis alumnas cada vez que me encuentran y eso me da mucha paz. No recuerdo sus nombres pero llevo sus rostros siempre presentes.

Susana Pérez

Jamás se ha avergonzado de ser tumbaqueña. Susana no piensa dejar de habitar y amar a Tumbaco. Considera que la parroquia tiene mucho que ofrecer y dar a sus pobladores y visitantes. A eso suma la esencia de su gente, cálida, buena y generosa, que siembra día a día el amor y la esperanza por esta tierra.

Doy gracias a Dios porque cumple sus promesas y cuida de sus criaturas… tengo 72 años y me siento feliz con la misión que Él me encargó cumplir en este mundo, y lo sigo haciendo en ese cuidado mutuo con mi esposo, en esa ayuda incondicional a mi familia y también en la parroquia.

Susana Pérez

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