Orange Is The New Black es una puerta al universo femenino

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Orange Is The New Black (OITNB) nació de una pluma feminista. La creadora de la serie es la estadounidense Jenji Kohan, una activista “acérrima”. Su obra funciona como herramienta para cambiar la sociedad, empezando por lo que se plasma en un papel para después proyectarlo en la pantalla. La producción de Netflix no es su primer experimento. Ella escribió y produjo ocho temporadas de Weeds, programa que alzó un Golden Globe y un Emmy. En esa historia, la trama gira en torno a la vida de una ama de casa que decide incursionar en la venta de marihuana para superar su crisis económica. Es, al igual que OITNB, una historia real sobre una mujer real.

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, cuatro años después de estrenarse la serie que indaga en la vida íntima de las prisioneras de Litchfield (EE.UU.), esta se mantiene vigente. La tensión sobre los eventos que pusieron a decenas de mujeres tras las rejas y sus motivaciones para estar fuera se mantiene. ¿Por qué 36 meses después no caduca? La producción cuenta historias contundentes, que se alejan de estereotipos y repasa honestamente el significado de ‘ser mujer’ en toda su complejidad. 

En OITNB ellas son las protagonistas, el centro de la trama; pero ya se sabe, eso no es noticia. Tampoco es novedad que los hombres están al margen de la ecuación, en segundo plano. ¿Esto significa que es una serie sobre mujeres para mujeres? Nada más alejado de la realidad. 

Una prisión estatal, un espacio hostil, complicado, duro es donde se intenta esbozar y abrir el abanico sobre el significado de ser mujer. En Orange Is The New Black queda claro que -de hecho- no hay una única forma de serlo, “sino tantas como circunstancias, origen social y barrial, situación económica y familiar, lo permitan. Y esa diversidad, esa belleza humana de las protagonistas, es lo que hace que la convierte en una serie imperdible”, reseña la crítica especializada.

Sucede que la apuesta de la serie de Netflix -ganadora de algunos premios Emmy, Globo de Oro… – trasciende los lugares comunes. A través de sus personajes ahonda en la transexualidad, cultura afroamericana, ‘privilegio blanco’, latinidad, homosexualidad, violencia de género, problemas mentales, carencia de autoestima, relación con el cuerpo…

Por ejemplo, en la segunda temporada, el personaje Sophia Burset (Laverne Cox), una mujer transexual, explica a sus compañeras que más allá del color de la piel, el nivel educativo o la clase social, “están igualadas por la ignorancia de sus propios cuerpos”. La interrogante queda abierta ¿es verdad que muchas mujeres nunca se miraron con un espejo y desconocen qué tienen entre las piernas?

Si todavía no le das tiempo a la serie, debes saber –y no es ‘spoiler’– que Taylor Chilling se pone en la piel de Piper Chapman, el personaje principal está comprometida con Larry Bloom (Jason Biggs), pero su estabilidad se altera cuando es acusada de tráfico de drogas. La razón, una investigación judicial sobre hechos ocurridos diez años atrás, vinculados a su exnovia Alex Vause (Laura Prepon). Es ahí cuando la mujer de clase media alta termina en la cárcel y se enfrenta a las vicisitudes que ello implica.

 

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