La convivencia empieza en la vía

Armando Padilla trabaja en la González Suárez

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El barrio es multigeneracional. En la González Suárez residen y trabajan más de 10 0000 personas. El sector también es multicultural. La convivencia es un proceso en el que está embarcado un grupo de residentes.

Viven familias de Colombia, Venezuela, México, Alemania, Francia… La  zona es una de las más cosmopolitas de Quito.

La mezcla de generaciones y culturas es semilla de pequeñas historias. Esta es una historia que nació en la calle.

A la avenida principal llegaron migrantes de Haití. Lo hicieron luego del terremoto en el 2010. Ecuador era atractivo para los haitianos porque podían ganar en dólares o porque podían avanzar hacia países como Brasil.

Muchos se quedaron. En la González Suárez trabajan cuidando autos en la vía pública. Es su forma de generar ingresos.

Las grandes acciones para la convivencia

Ebert Brutis es uno de las personas que trabaja en las noches en la avenida. El 2 de agosto del 2018 lo declararon ‘héroe’ al menos por unas horas. Unos delincuentes intentaron robar a unas vecinas de uno de los edificios del barrio. Ebert se arriesgó y evitó que las residentes fueran agredidas.

Ebert Brutis en compañía de Verónica Murgueytio.

“Sabes lo más bonito es que ellos se consideran parte del barrio”, dice María Luisa Cordero, una de las residentes del sector. “Pasan la mayoría de su tiempo aquí e incluso colaboran con los vecinos y dan su punto de vista para mejorar las cosas”, concluye.

Pero no es fácil. Existen personas que tienen reparos con su presencia. Para mitigar la inseguridad, el teniente Sebastián Guzmán, de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) de Bellavista, explica que se ejecuta el plan ‘Vigilante seguro’.

La propuesta incluye una recolección de datos de los cuida carros. “No podemos impedir que trabajen en la calle, pero sí se puede conocer más de ellos e interactuar”, dice el oficial.

Un grupo de vecinos, denominado Solidaridad, se ha organizado para acercarse a los vigilantes. Quieren buscar el apoyo de la UPC para entregarles chalecos reflectores. Además, quiere organizar mesas de trabajo para evitar la rivalidad con los vigilantes nacionales e incluso involucrar el apoyo de los locales comerciales del sector.

El acercamiento entre los vecinos y los cuidadores haitianos ha dejado lecciones. “Es una experiencia  maravillosa descubrir estos seres humanos tan francos y  alegres a pesar de todo”, concluye María Luisa Cordero.

La historia de dos parejas que cuidan de una pequeña

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