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Wagner y la fascinación por el número 13

El número 13, que algunos consideran fatal pudiera ser una coincidencia, pero está metido ahí por algunas razones en la vida de Wagner.
Wagner y la fascinación por el número 13. Foto: Wikipedia.

Por Fernando Larenas

Director de teatro, de orquesta y también polemista, a diferencia de la mayoría de compositores de ópera, Wagner tuvo la virtud de que su música sea, al mismo tiempo, una perfecta obra para teatro. Por eso fue considerado como el músico que revolucionó la ópera mediante su concepto de “obra de arte total”.

Complejas texturas, maravillosas armonías y orquestación fueron el legado de este músico nacido en Leipzig, Alemania. Entre sus obras más importantes figuran El holandés errante, Tannhäuser, Lohengrin, Tristán e Isolda, Parsifal, y su gran tetralogía, El anillo del Nibelungo.

Conocida simplemente como el Anillo es un ciclo de cuatro óperas épicas (Wagner prefería calificarlas como drama) que son: El oro del Rin, Las Valquirias, Sigfrido y El Ocaso de los dioses. La música y el libreto de estas cuatro obras fueron escritos en un período de 26 años, entre 1848 y 1874. Dependiendo de la velocidad de interpretación del director, las cuatro óperas pueden durar 15 horas, lo cual requiere de cuatro noches de ópera.

Las coincidencias del número 13 en Wagner

El número 13, que algunos consideran fatal pudiera ser una coincidencia, pero está metido ahí por algunas razones en la vida de Wagner. Nació en 1813 y si se suman los cuatro dígitos se llega a esa cifra. También porque compuso en total 13 óperas y porque un biógrafo afirma que su primera ópera fue estrenada un día 13. Sin embargo, hay un error porque su primera ópera Las Hadas, fue estrenada después de su muerte y el día no coincide.

Lo que sí coincide con el 13 es que su ópera Tannhäuser la terminó de escribir el 13 de abril de 1861 y que Wagner murió en Venecia un día 13 de febrero de 1883. Más allá de ese número, la principal característica de este músico fue su irreverencia. Siempre dijo las cosas tal como las sintió. Según el Nobel de Literatura Thomas Mann, Wagner consideraba a Rossini “el sensual hijo de Italia que sonríe en el opulento regazo del lujo”. A la música italiana en general la calificaba como “una prostituta” y a la francesa “una coqueta de sonrisa helada”.

 

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