Si naciste en los 80, es muy probable que disfrutes de Mi Villano Favorito 3

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La siguiente oración va a sonar a una tonta obviedad: El cine comercial hollywoodense se produce para ser comercial. Es tan bien pensado que se hace ‘multitarget’ para asegurar ingresos desde varios bolsillos (esto último también en sentido figurado). El último ejemplo es la tercera parte de Mi Villano Favorito.

La película de animación está pensada para al menos dos públicos seguros: los niños y sus padres nacidos en la década de los ochenta, es decir papás un poco nostálgicos de la cultura pop de esos años. ¡Vamos! Apelar a los años ochenta puede sonar a cliché, pero el giro de tuerca de Mi Villano Favorita está en mezclar la narrativa con humor y temática infantil para que padres e hijos salgan medianamente satisfechos de la sala de cine.

Mi Villano Favorito, es decir Gru y sus mininos tienen un grupo cautivo de seguidores desde su aparición en el 2010. Hace siete años Hollywood tenía esa tendencia de jugar con los antihéroes y los villanos de las películas. Megamente (2010) y un poco más tarde Hotel Transilvania (2012) engrosaron la lista de películas en las cuales el malo era el bueno o inofensivo; pero la fórmula se usó al punto que en estos años se recurrió a ecuaciones más simples para no perder auditorio o para satisfacer a toda la sala.

Los minions son la carnada segura. Los pequeños “malvados” son una moda desde el 2010. El uso de iconografía ochentera intenta que los padres pasen un buen rato y recomienden a sus pares; el cine -además de maquinarias de marketing- utiliza una estrategia básica: el boca a boca. Gru enfrenta a Balthazar Bratt, un villano que está atrapado en los ochenta. Su ‘look’, su música, los programas que ve y hasta los chicles de bola son de la época. 

Gran parte de la banda sonora de la película tiene canciones como Bad (Michael Jackson), Physical (Olivia Newton-John) o Take on Me (A-Ha) para expandir la música incluso a la publicidad paralela a la película. En la TV se ven comerciales de comerciales con los mininos y Balthazar, enfrentando el presente y el pasado (hijos y padres), aunque al final los que quieren los caramelos son los niños y los papás pagan. Así igual funciona el cine, los pequeños quieren ver una película de animación, los padres pagan los boletos y la comida y Hollywood necesita que sus públicos salgan convencidos de que fue una buena inversión para que cuenten que la película es para niños y adultos.

TRIVIA: En Mi Villano Favorito 3, el chicle es muy popular ¿cuánto sabes de la goma de mascar?