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La historia del vínculo entre la González y el Cyrano

El Cyrano está ubicado en el edificio Atrium

La pastelería abrió en el 2010 en la González Suárez. Mantiene los árboles de las terrazas del edificio Atrium.

El nombre Cyrano, el apellido De la González. Es un nombre propio para los lugareños y un punto de referencia para los visitantes del barrio, tiene 8 años en el edificio Atrium y es uno de los 16 locales que existen en la ciudad.

Antes de llegar a la avenida, el local de la Portugal el principal era imán para los comensales de la González. “Vimos que mucha de nuestra clientela vivía allá y que se les complicaba el bajar a la Portugal”, recuerda Danielle Elie, gerente general.

Es lunes de octubre. En Quito hace frío, pero no llueve. El reloj está a punto de marcar las seis de la tarde y el Cyrano de la González está muy concurrido. Los vecinos —a esa hora— buscan el pan para llevar a casa. Los visitantes un café para mermar el frío. Los trabajadores de la pastelería están ajetreados, pero no pierden su amabilidad.

Es una etiqueta de distinción del Cyrano y de Corfú la buena atención. Es una marca de la casa que tiene ascendencia francesa y alemana.

La atención se mezcla con otro ingrediente propio de la González: los árboles. El edificio Atrium tiene terraza con jardines. Por ello, decidieron acoplarse a ese ambiente con los árboles en el patio y colocaron mobiliario casual al aire libre.

Al lugar llegan las personas a pie, algunos incluso con sus mascotas. La popularidad del sitio responde a la ideología y visión de sus propietarios. “Siempre tratamos de crear comunidad a donde vamos; esa es la parte principal de nuestra filosofía”, dice Elie.

Y va más allá. Los clientes —resalta orgullosa— son súper fieles. “Los conocemos por su nombre y ellos conocen por su nombre a nuestros dependientes, entonces hay una linda relación”.

Para generar esos vínculos icónicos se piensan en detalles que pueden estar desapercibidos. En una pared, en el fondo, está un un mural que fue pintado hace dos años, justamente en la época de la colada morada. Evoca la intimidad de cuando dos amigas comparten una taza de café, es un momento íntimo para contarse cosas.

“Con esta pintura iniciamos un proyecto que está en pausa”, recuerda Danielle. La idea es motivar a jóvenes artistas para que pinten en los locales.

Ella mismo estudió Artes Vi­suales y Comunicación en la Universidad de California en San Diego. Pronto se retomará la propuesta para impulsar a nuevos artistas.

Todo este ambiente acogedor forma parte de  la historia del Cyrano de la González Suárez. El nombre propio que es un punto de encuentro para lugareños y foráneos del barrio.

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Escrito por Unos Tres

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